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Remedio para la práctica de riesgo de no sangrar en la noche de bodas
@JavierMonjas - 16/04/2015

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O sangras o te sangran. Miles de mujeres recién casadas se enfrentan a la obligación de perder la virginidad durante la noche de bodas sí o sí. Lamentablemente, si una ha rodado ya un poco por el mundo o ha montado más de la cuenta en bicicleta, la cosa puede terminar muy mal en determinados países de determinada religión. Pero incluso si una se entrega pura como un lirio, también la cosa puede acabar como el rosario de la aurora. La mitad de las mujeres no sangran cuando pierden la virginidad. Mal asunto. Muy malo. Pero para eso se han inventado las 'píldoras de la virginidad'. El éxito se ha contagiado desde Irán a Europa.

En realidad, no se trata de píldoras, sino de una especie de supositorios que se introducen en la vagina con anterioridad al sexo. El calor del cuerpo de la mujer irá deshaciendo lentamente la cobertura del supositorio hasta que se libere un líquido de color rojo que, según dicen, huele y parece exactamente sangre. Misión cumplida. Con capacidad de manchar incluso el miembro del satisfecho recién casado, la esposa respirará aliviada. Ha salido bien. Pero podía haber salido mal.

Para empezar, incluso dentro del rango de la normalidad, las temperaturas de los cuerpos son muy distintas. Una mujer con una temperatura corporal más alta deshará la cobertura del supositorio con mayor rapidez que otra atribulada novia un poco más hipotérmica.

Sometidas ambas a la ineludible tesitura de sangrar en el momento adecuado, al menos los envases que se venden en Irán traen dos de estos supositorios vaginales. Con el primero, se puede practicar un ensayo general para calcular el tiempo que tarda una en deshacer la cobertura. El segundo, es ya para la noche de bodas, una vez metidos y procesados en el Excel los cómputos tras la sesión de cala y cata.

Es muy probable que el caballero sospeche si una empieza a sangrar una hora antes de meterse en la cama o una después de haber terminado el acto. Aunque existen las indemnizaciones a contables en diferido, hasta ahora no se ha visto tal cosa de perder la virginidad las novias en diferido. Así que hay que afinar.

En Irán se venden como rosquillas. Los envases de dos supositorios -uno para el tanteo y el otro para el tonteo- cuestan al cambio unos 110 dólares. ¿Problemas éticos por engañar al marido cuando de lo que se trata no es ya de salvar el matrimonio, sino de, incluso, preservar la vida? Amos, anda. En Irán, donde muchas mujeres son asesinadas o ellas mismas se suicidan tras la pública exposición de su deshonra, estos supositorios vaginales se producen y venden de forma libre.

Haciéndose pasar por clienta, una periodista iraní tiró de la lengua al hombre que atendía la línea de pedidos de una conocida y reputada marca de estos útiles artefactos. La entrevista es ya un clásico del posibilismo, difundida por medios generalistas -y especializados- de medio mundo, incluidos por los más chics occidentales, como el Cosmopolitan, no sea que las pijas parisinas o neoyorquinas quieran dar la sorpresa de su vida a sus amantes, uno tras otro. No obstante, los asuntos éticos, morales e, incluso, religiosos del engañabobos se discuten muy en serio por los médicos iraníes, donde el islam y la tradición chiíta tiene mucho que decir sobre la honestidad de esta deshonestidad.

La cirugía de recomposición del himen es cara, presenta los riesgos asociados a cualquier intervención quirúrgica, debe afrontar sospechosos periodos de hospitalización y visitas a médicos y, además, no es eterna, por lo que el remiendo puede romperse en cualquier momento, y, de hecho, se romperá en el más inoportuno, subiendo las escaleras del hotel para encaramarse al tálamo nupcial, en lamentable y estéril lance de delatarse una a sí misma como una tonta. En consecuencia, una puede meterse en Internet con la tarjeta de crédito a mano y comprar la virginidad a través de pasarelas seguras de pago.

Ya que una no es virgen, permanecer inconsútil no debe obstar para que una no monte el anhelado circo. Los supositorios vaginales de sangre se han importado a Europa, donde miles de mujeres musulmanas se enfrentan al mismo dilema que en sus países de origen: en la noche de bodas debe haber una mínima pero suficiente escabechina.

En Holanda ya se están utilizando. Sin embargo, a diferencia de lo que sucede en Irán, en el país europeo se distribuyen tras previo y detenido análisis psicológico, social y ginecológico de la señorita en cuestión. Después de ser estudiada por arriba y por abajo con la debida fruición, la ginecóloga puede recetar o no recetar el supositorio vaginal de acuerdo a su tonante dictamen, siempre con la debida y obligada advertencia de que todo "esto no tiene nada que ver con el islam"... a pesar de que todas las petitorias del chisme sean musulmanas.