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En Sofía se habla de la "quinta columna turca" en el país, y en Atenas de las "constantes provocaciones" de Ankara
@JavierMonjas - 07/10/2010

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Los 'drones' de la CIA se están empleando a fondo estas últimas semanas en el noroeste pakistaní, probablemente la zona más fuera del control civilizado de todo el planeta, y, por cierto, justo el territorio que Islamabab rindió a la sharia por ver si podía aplacar los ánimos talibanes (ND). Pero no. Como era de esperar, en las montañas aquello se consideró un gesto de debilidad y todo fue a peor. Ahora los vuelos no tripulados enviados por Washington machacan sin piedad la 'zona tribal' sin que importen demasiado las muertes 'colaterales' de no combatientes. Y después recuentan y clasifican cadáveres. Y lo que allí ven son las 'banlieues' de las quintas columnas que amenazan a placer a Europa.


Son alemanes. Los muertos por los bombardeos de los vuelos remotos no tripulados en Pakistán son alemanes. Alemanes que preparan en el santuario afgano-pakistaní de la ley islámica la oleada de carnicerías que ha alarmado a la inteligencia antiterrorista occidental en su conjunto (ND 1 y 2). Pero, claro, no son alemanes con antepasados demasiado germanos. De vez en cuando se señala que varios -si no todos- de los al menos ocho muertos de esa nacionalidad en las represalias quirúrgicas de los 'drones' estadounidenses son de ascendencia turca.

La yihad política turca

Nada nuevo. De hecho, el recién publicado libro de Bob Woodward sobre las "Obama's Wars" documenta la muerte por la CIA de muchos occidentales, también muchos de ellos con pasaportes estadounidenses, que se entrenan para la yihad en los campamentos talibanes con el fin de regresar a la madre patria para asestar el golpe final. O, al menos, uno de los finales. Uno de estos bravos soldados de Alá era Faisal Shahzad, nacido en Pakistán, nacionalizado estadounidense, y entrenado en los santos campos de sus antepasados, que sólo regresó a América para intentar una nueva masacre en Times Square. Esta semana recibía su sentencia de cadena perpetua con gritos de "Allahu Akbar", y un torrente de renovadas y viriles amenazas.

Pero en muchos países de la periferia europea, no directamente amenazados por la obsesión punitiva de los islamistas, lo que más preocupa no es la yihad de asesinato y masacre, sino la guerra santa de baja intensidad, aquella que se camufla bajo el disfraz de la alta política y las relaciones internacionales. A Bulgaria o a Grecia les importan menos los turcoalemanes que tienen bien claro su bando de pertenencia y su banda de obediencia, que la constante presión intervencionista de la propia Turquía, empeñada, para muchos, en una renovación adaptada a los tiempos modernos de las viejas glorias imperiales otomanas, mientras en el interior, como era de prever (ND) tras el pasado referéndum constitucional, Ankara redobla la presión sobre los símbolos de la reislamización encubierta emprendida por Erdogan, con el pañuelo musulmán femenino como punta de lanza.

"Gran hermano turco"

Lo de los Balcanes más volátiles es ya un hecho consumado. La penetración política y económica turca en Kosovo y Bosnia se ve reforzada por la mediación de Ankara en la conflictiva zona que le otorga, de hecho, el papel de árbitro regional. Un árbitro, sin embargo, demasiado parcial en sus preferencias que, como decía el entusiasta Bakir Izetbegovic -sí, hijo del presidente bosnio durante la guerra bosnia de los noventa y ahora influyente político-, es visto por los 'hermanos musulmanes' balcánicos precisamente "como un gran hermano fuerte y sabio".

Sin embargo, en otras regiones sudeuropeas de pasado otomano, el piropo del "gran hermano turco" lanzando por Izetbegovic junior es visto en otro sentido muy distinto: el de la amenaza y el intervencionismo sin demasiados disimulos. En Atenas, por ejemplo, se habla ya sin ambages y con extremada acritud, de las "constantes provocaciones turcas", tal y como recoge la propia prensa del país asiático. Los rifirrafes fronterizos y las incursiones militares turcas en el espacio aéreo griego no hacen sino excitar cada vez más el latente resquemor mutuo que Grecia, por su lado, alimenta con Chipre y su condición de gran china -de gran excusa, de gran coartada- en el zapato de la incorporación turca a la Unión Europea.

"Quinta columna turca en Bulgaria"

Mucho peor si cabe van las cosas con Bulgaria, por un lado, convertida en la puerta de entrada en la UE del yihadismo wahhabí procedente de Bosnia, Kosovo y Macedonia (ND), pero, por el otro, sometida a la presión inmisericorde de las permanentes incursiones turcas en espacio político, social y religioso interno búlgaro. Las buenas y respetuosas palabras que los respectivos primeros ministros se dirigieron mutuamente el lunes pasado durante una cumbre bilateral apenas ocultan la profunda desconfianza de Sofía por su vecino islámico. Sí, vecino islámico, porque la religión es la vía que, como en el caso de Marruecos con España, Turquía está utilizando para conseguir influencia interna mediante el control de sus peones en las mezquitas.

En efecto, de la misma forma que Rabat presiona para nombrar los imanes de las mezquitas españolas, Ankara maniobra para hacer lo propio con los musulmanes búlgaros, descendientes en su mayor parte de los tiempos de la dominación otomana, y que, constituidos en influyente minoría política, disponen de capacidad directa de arbitraje en la política de Sofía. El listado de las suspicacias, rencores y abiertos temores de Bulgaria con su enorme vecino está llevando estos días a los más templados medios de Sofía a exigir a Ankara que "quite sus manos de Bulgaria", mientras deslizan, ya sin disimulos, cómo "muchos ven (a la poblada minoría musulmana de ascendencia turca) como la quinta columna de Turquía" en el país europeo.

De los ejes a las civilizaciones


Los problemas de vecindad entre Turquía por un lado, y Grecia y Bulgaria por el otro, no son más que otras versiones de las tensas relaciones que mantiene Kosovo con sus propios vecinos no islámicos (ND). Una vez más, los Balcanes vuelven a sus viejos guiones, aunque, ahora, las rivalidades de ejes se han transformado en enfrentamiento de civilizaciones, en el supuesto de que haya alguna más que aquella a la que sus enemigos desean conquistar desde hace siglos, esta vez, desde la política y la economía, mientras sus quintas columnas sacuden los árboles para que caigan los frutos con mayor facilidad y premura que en los tiempos de las guerras y las mediterráneas piraterías.