NUEVO DIGITAL - Internacional
La medida ha sido anunciada incluso para viviendas fuera del campus
@JavierMonjas - 10/11/2013

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Turquía continúa su imparable deriva ultraislamista. La última medida anunciada por Erdogan ha provocado la habitual reacción negativa en las élites urbanas, profesionales y cultas del país sin que, como es también habitual, se resienta la enorme base de apoyo ultraconservador en la amplia mayoría de la sociedad turca menos ilustrada, de cerrada adhesión al intervencionismo religioso en la vida civil. Pero esta vez, la incontenible y arcaica devoción musulmana de Erdogan ha provocado incluso reproches y salidas de alguno de sus propios ministros.

El primer ministro turco, Recept Tayyip Erdogan, continúa dando clases magistrales del afamado doble lenguaje que derrocha con absoluto desparpajo. En Polonia condenaba los "dobles estándares" que, en su opinión, están bloqueando la ansiada incorporación del país asiático a la Unión Europea. Pero mientras continúa acusando a la UE de ser un "club cristiano" -algo políticamente inmoral, según su criterio-, el mismo Erdogan no solo pertenece a organizaciones internacionales conformadas en exclusiva por países islámicos, sino que admite en voz alta que Turquía nunca cooperará con países no musulmanes en contra de países musulmanes (ND).

La última afirmación de su amalgama político-religiosa se refería a algunas informaciones que habían denunciado una supuesta coordinación militar de Turquía con Israel en contra del común enemigo sirio. Erdogan se sintió muy molesto por una afirmación que desmintió en términos religiosos, no políticos. Cabe en consecuencia deducir cuál sería su actividad en el seno de la UE, minada por un país enorme que piensa más en el islamismo y en su extensión que en la adecuación de políticas frías y seculares de interés común.

Los dobles estándares, lejos de ser mantenidos por el siempre timorato Occidente, son cosas de 'los otros'. Hace unos días, la editorial Marvel anunciaba la aparición de una "superheroína musulmana" en su catálogo de cómics (ND). Ni en sueños se habría atrevido Marvel a publicar las aventuras de un "supehéroe cristiano", como ni en sueños un país europeo apoyaría o no a otro gobierno en virtud de si es o no "cristiano". Así que, de acuerdo a la inevitable intromisión religiosa en la acción política que se encuentra en la raíz del islam, Erdogan cada vez mina con mayor osadía la supuesta base laica del estado turco moderno fundado por Atatürk.

La última ocurrencia de Erdogan ha sido criticar las residencias universitarias mixtas. En una reunión de su partido, el primer ministro turco anunció que su gobierno recibe "informaciones de inteligencia" sobre lo que sucede en el interior de esas casas donde conviven chicos y chicas. Y, en consecuencia, Ankara deberá tomar medidas para prohibir tal mezcolanza pecaminosa que se da en los dormitorios universitarios, pero también en las residencias de estudiantes fuera de los campus.

"Cualquier cosa puede pasar. Los padres claman: '¿Dónde está el Estado?'. Se están tomando estas decisiones para mostrar que el Estado está ahí. Como un gobierno conservador y democrático necesitamos intervenir", espetó Erdogan a su equipo. Pero el griterío, además de en los padres más preocupados por la siempre inestable y volátil virginidad de sus hijas, llegó de las habituales élites laicas turcas, conformadas en primer lugar por estudiantes y políticos. De hecho, el asunto pronto derivó en una inusitada crisis política.

Bulent Arinc, viceprimer ministro, portavoz del gobierno y uno de los fundadores del partido AKP, fue el primero en reconocer que ya no tragaba más. "Me gustaría hacer un llamamiento a nuestro primer ministro como amigo y como hermano porque hay una evidente contradicción entre su discurso como primer ministro y mis afirmaciones como portavoz del gobierno", dijo Arinc en un insólito desmarque intragubernamental.

Pero Erdogan insistió: "Como un partido democrático conservador tenemos que preocuparnos de esto, pero esto no es interferir en la forma de vida de la gente". Resulta obvio que el primer ministro turco ni tan siquiera alcanza a comprender que decirle a la gente con quién debe vivir o no en sus propias casas en realidad 'sí' interfiere en la forma de vivir de esa misma gente. De hecho, algunos de sus ministros, que han salido al quite ante el enorme escándalo provocado en las élites laicas turcas, no han hecho sino empeorar las cosas con justificaciones cada vez más estrambóticas.

Según el ministro del Interior, Muammer Guler, no había intencionalidad sexual en las palabras de Erdogan, ni la hay en la muy necesaria acción del Estado para separar sexos en las casas de los estudiantes. Según Guler, la preocupación del Estado, recogiendo amoroso la de los padres, es que esas residencias mixtas se han convertido en el medio por el que las organizaciones terroristas (islamistas) reclutan a sus miembros (y miembras).

Bulent Arinc terminó tirando la toalla ante semejante personal por el que debe dar la cara como portavoz del gobierno. Y entonces anunció su retirada de la vida pública. La prensa internacional reproduce asombrada la preocupación de Erdogan por un problema que se está "extendiendo" desde las residencias universitarias a las casas fuera del campus. Erdogan, asombrado ante tanta incomprensión, se pregunta: "¿Pero por qué les molesta esto tanto?".

La oposición laica acusa a Erdogan de "criminalizar" a los estudiantes. En el propio AKP islamista de Erdogan crece la confusión y el desconcierto. En la prensa se hacen de cruces de medias lunas con la irrupción de las porras (es un decir) en los dormitorios de los estudiantes. Y en estas, Erdogan volverá a acusar a Europa de su cerrazón, de ser un lamentable club cristiano que -literalmente, según el primer ministro- no sabe lo que se pierde pues siempre será la UE un "proyecto incompleto" sin la imprescindible aportación de Turquía.