NUEVO DIGITAL - Internacional
Erdogan aprieta las tuercas a la cobarde Europa
@JavierMonjas - 14/03/2017

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Mucho más Erdogan. Mucho más islam. Mucho más nacionalismo. Los nuevos planes de estudio van a adoctrinar a base de bien a los niños turcos. El presidente del país lanza a su Gobierno y a su Administración hacia un neoimperialismo otomano que ya aferra a Europa con varias y variadas estrategias, desde la Alemania donde espía con sus imanes hasta los Balcanes caídos bajo el control financiero de Ankara. Mientras, la quinta columna de la emigración turca ya ha enseñado los dientes en Holanda revolviéndose de forma pública y abierta contra su país de acogida.

Turquía continúa su expansión en los Balcanes, su espacio histórico, su espacio vital. A sus masivas inversiones estratégicas en Bosnia y Herzegovina, y Kosovo, une ahora a Serbia, en concreto, a la Serbia islámica que resta de la retirada otomana. Retirada temporal. Porque Erdogan no solo aspira a recuperar su espacio histórico, sino también su espacio vital, esta vez, engrandecido, extendido a donde nunca llegó el violento y agresivo imperio de Estambul, pero donde ahora ya ha colocado a millones de sus peones que, tras varias generaciones nacidas en Europa, cada vez se sienten más turcos, más otomanos.

Europa no solo tiene abiertas enormes vías de agua con la emigración turca que ya se ha rebelado abiertamente -con violencia- contra sus países de acogida al toque de silbato del jefe de la banda desde su casa. Tras varias generaciones de turcos nacidos en Europa, continúan siendo eso, turcos.

El sujeto que se subió al tejado del consulado de Holanda en Estambul, cambió la bandera holandesa por la turca al grito de Allahu Akbar. Eso es lo que le espera a Europa. La sustitución. El islam. La quinta columna ya actúa sin disimulos.

Turquía continúa invadiendo Europa. Mientras millones de turcos nacidos en Europa continúan siendo turcos y lo proclaman, Turquía lanza ministros como kamikazes contra los timoratos gobiernos europeos, pero también envía exiliados, supuestos represaliados de las purgas turcas que exigen quedarse en Europa para salvarse de Erdogan. O eso dicen. Y mientras, la permanente amenaza de abrir la puerta de par en par -una vez más- para que entre en tropel la Asia y la África del islam.

Patrullas ciudadanas búlgaras vigilan la frontera con Turquía para intentar evitar en lo posible la invasión. Pero ese es solo un aspecto de la estrategia de Ankara.

Las mezquitas alemanas están llenas de imanes nombrados por Turquía. Literalmente. Turquía envía y paga a los clérigos que discursearán en los centros religiosos musulmanes. Pero muchos de estos imanes, además de abiertos propagandistas de Erdogan, trabajan como espías a su servicio.

El pasado mes de febrero, la tibia policía alemana desencadenaba una operación para intentar atrapar los agujeros que el espionaje de Ankara ha ido abriendo en las mezquitas del país, donde los imanes actúan como agentes de inteligencia. Por supuesto, a favor de Turquía que, encima, se permite abroncar a los alemanes con su famosa diplomacia de la bravuconería y el matonismo más vulgar.

Mientras la primera dama turca pone su pañuelo como señuelo para los biempensantes europeos de la tontería útil, el análisis es unánime: Erdogan alimenta un virulento nacionalismo de corte otomano que ya juguetea con Europa como el gato con el ratón antes de hincarle definitivamente el diente.