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El expresidente asegura que no volvería a acoger presos de Guantánamo
@JavierMonjas - 12/04/2016

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"Usted no puede venir a una casa ajena con una cultura distinta a querer imponer su credo. Como decía el Quijote 'donde fueres haz como vieres'. Es elemental". Quien habla es Manuel Mujica, expresidente de Uruguay y macho alfa de la solidaridad entre los pueblos y esas cosas. Pero en la entrevista que concedió al diario República hace menos de una semana, además de citar mal a Cervantes, también confiesa que "tal vez no" volvería a acoger a presos de Guantánamo a costa de los contribuyentes uruguayos. A la "pésima" actitud de los reclusos islámicos arrancados a la crueldad del imperialismo yankee se han unido los ultrajantes desafíos de los refugiados sirios invitados por Uruguay hace dos años, llenos ahora de quejas y desprecios al país que les abrió las puertas.

"La conducta de la gente que salió es pésima", añadía Mujica en la entrevista a República. Pero, solidario como él solo, el expresidente principalmente lamentaba la actitud de los expresos de Guantánamo por su "absoluta falta de solidaridad con los que estaban allá [en Guantánamo], porque si ellos hubieran cultivado otra imagen, hubieran facilitado que otros pudieran salir".

"Lo único que hicieron fue que tres o cuatro gobiernos de América latina que estaban por tomar una medida parecida se retrajeran", añadía el actual senador. "¿A quién perjudicaron?", continuaba preguntándose Mujica, antes de responderse a sí mismo: "A los otros presos de Guantánamo. Eso es propio del egoísmo contemporáneo".

Mezquinos -y mucho- también fueron los propios uruguayos, según quien había sido su presidente, puesto que, para compensar el reconocimiento de su propio fracaso, Mujica también repartió para los suyos: "Hay también uruguayos egoístas que dijeron que por qué les damos un plato de comida en lugar de darles a los de acá y lo dijeron algunos que mantienen caballos de carrera para timbear [apostar en juegos de azar]". Pero la mayor parte de los uruguayos no están para que, encima, ser culpabilizados. Tienen frescos en sus mentes los desafíos de los seis expresidiarios de Guantánamo acogidos por Uruguay en diciembre de 2014 en un acto "humanitario", según el entonces presidente del país.

Uno de ellos, un tunecino, se casó con una uruguaya según la ley islámica sin cumplimentar antes el enlace civil, como obliga la ley del país. Otro de ellos, un sirio, advirtió a sus excolegas de presidio en la base estadounidense en Cuba que no aceptaran venir a Uruguay porque el gobierno no cumplía con sus promesas. Y otros dos han sido detenidos por violencia doméstica sobre las respectivas mujeres uruguayas con las que se casaron, también por el rito islámico, y uno de ellos, además por agresión con lesiones. Además, alguno de estos figuras también mostró de forma pública en los medios su apoyo a Al Qaeda, sin que el Estado uruguayo respondiera siquiera con su detención.

Lo que se llama una plena integración de los bravos combatientes islámicos en la sociedad que los rescató de la "vergüenza del sistema de justicia estadounidense", como califica a Guantánamo la también solidaria periodista que ha escrito la "historia" de 'Los seis de Uruguay'.

Más ultrajante aun está resultando la actitud de los refugiados sirios que llegaron en octubre de 2014 a Uruguay, unas pocas semanas antes de que lo hicieran los represaliados del capitalismo imperialista de Guantánamo. Si los excombatientes han hecho de su capa un sayo, las cinco familias sirias 'refugiadas' han convertido las suyas en una yihad de quejas y desprecios al país que les ha concedido vivienda, sanidad y educación sin coste y una asignación monetaria mensual, además de trabajos para complementar ingresos.

Pero ya menos de un año después de su 'reasentamiento', las quejosas familias sirias habían acampado en la Plaza de la Independencia de Montevideo exigiendo ser trasladados a otro país ante la falta de oportunidades de futuro que ven en Uruguay. Con familias de hasta quince miembros, los 'refugiados' se quejan de que los países europeos garantizan subsidios plenos "por cuatro años y no por dos como Uruguay".

En noviembre, el gobierno uruguayo sancionó sin mes de paga a una de las quejosas familias sirias, aunque se les facilitó a sus miembros un surtido de comida extra para que no tuvieran problemas nutricionales. A comienzos de año, el gobierno de Montevideo anunció que no llegaría el segundo grupo de refugiados previsto puesto que se había perdido el contacto con sus miembros en el Líbano, información confirmada por Acnur. Es decir, prefirieron acudir a otro país, sin duda a los más generosos de Europa.

Montevideo tiene un grave problema con esta gente. Ahora va a trasladar de lugar a las familias con el fin de 'reubicarlos', aunque, como informa la prensa uruguaya, también ha pesado el temor a los permanentes ataques terroristas, de manera que la posible llegada de más refugiados pudiera afectar a la seguridad.

La profunda decepción de los uruguayos con la actitud de los expresos de Guantánamo y las bien prolíficas familias sirias de 'refugiados' se ha convertido ya en carne de reportaje de prensa internacional, por ejemplo, de la vecina argentina, donde los ciudadanos del país claman contra el agravio que supone mantener a toda esta gente que solo da problemas, mientras ellos deben continuar sus vidas para pagar con sus impuestos los desprecios de los que escaparon de su tierra y jamás conocieron el país del agradecimiento.